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A política do desdén

Estes días fíxose pública a enquisa de setembro do CIS.

E como non, os dous principais problemas que nos preocupan aos cidadáns do estado español son o paro e os problemas económicos. A terceira preocupación segue a ser , desde a última enquisa feita en febreiro polo CIS, os políticos e os partidos. Este deshonroso terceiro posto se consolida co paso dos meses, situándose por riva de cuestións tan graves como a inseguridade cidadana, o terrorismo ou a vivenda. Poderíamos falar longo e tendido unha vez máis do porqué desta desconfianza, deste alonxamento da cidadanía coa caste políticia actual deste país.

Pero logo de ler La política del desdén o artigo de Opinión  de Carlos G. Reigosa, cremos que seriamos incapaces de reflectilo mellor.

Nós concordamos con el en case todo, pero permitímonos a licencia de subliñar aqueles puntos que nos parecen máis significativos ou cos que máis nos identificamos.

Así que pase e lean.

 Es inquietante la despreocupación de la clase política por ganarse nuestro respeto. Se trata de una realidad que se puede constatar diariamente. Se destituye a Belén Barreiro, presidenta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), y no se da ninguna explicación, quizá simplemente porque la vicepresidenta Fernández de la Vega admira (tal vez sin saberlo) al Churchill que ironizaba: «Solo me fío de las estadísticas que he manipulado». Pero en el caso de la vicepresidenta no se trata de ninguna ironía. Es una anécdota, claro. Ejemplos mayores saturan los días.

 Sin la menor cautela, protagonizan una y otra vez peripecias de desgarramantas (véanse las acusaciones de corrupción, entre otras). Con razón decía Pío Baroja que «la política es un juego sucio de compadres». Y lo malo es que, aunque nosotros llegásemos a desentendernos de ella (por un indebido desapego), ella continuará ocupándose de nosotros, querámoslo o no. Los políticos seguirán representándonos, sin molestarse nunca en preguntarnos lo que pensamos.

Ahora se trata de hacer sindicalismo y aumentar los impuestos a los ricos, y esta ocurrencia se debe quizá a que han leído en algún manual que «la política es el arte de obtener dinero de los ricos y votos de los pobres, con el fin de proteger a los unos de los otros». Es decir, con el fin de protegerse a sí mismos y perdurar en el poder.

Creo en la necesidad de los políticos y no concebiría sin ellos una democracia moderna. Pero creer en ellos no significa consentir sin crítica su molicie, su ocasional desvergüenza y su manifiesto desdén por merecer nuestro aprecio. Sería fácil hacer una lista de personajillos que nunca debieron medrar en nuestra política, pero ahí están, ufanos y orgullosos, felices ante el espejo de su desmesurada vanidad e incapaces de la menor autocrítica. No es necesario citarlos porque están cada día en esos comentarios públicos que ellos jamás escuchan. Solo se trata de denunciar aquí la triste flojera de nuestra política, coprotagonizada por algunos sujetos que no tienen otra vocación que ganar las próximas elecciones y disfrutar del poder. Para ellos es una cuestión de supervivencia personal, lo sé, pero al menos deberían disimularlo dignificando su labor.

Vía: La Voz de Galicia

Mentres, eles e elas, as políticas e os políticos seguen a facer oídos xordos, unhas xustifiándose utilizando os seus orixes humildes e obreiros coma se eso fose un mérito ou unha excusa para o todo vale, ou utilizando o “pero tú más que yo” ou o “pero tu también” que tanto nos asquea e nos distancia deles.

Así que pronto verán reflectido o noso descontento, primeiro a nivel local  e logo na nivel nacional. Pero polo que vivimos na anterior experiencia nesta comunidade, esa derrota non vai servir para aprender do erros nin para intentar corrixilos, o peor é que se utilizarán como arma arrojadiza contra os demáis, contra “os outros” que son sempre os responsables de todos os males.

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